«Punk, punk, punk, la
aguja atravesaba el tenso círculo. Se detuvo y estiró aún más la tela: punk, punk,
punk. Estaba furiosa.»
Matar a un ruiseñor, Harper Lee.
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«No hay salida en la
institución psicológica ni en la política antagonista. ¿Entonces? Quizá
encontremos más elementos de respuesta en expresiones ambiguas, menos
ideológicas. En su autobiografía, Johnny Rotten cuenta cómo sentirse una
auténtica mierda era el estado de ánimo más extendido en la Inglaterra de 1977.
La derecha manipulaba a su antojo la frustración cotidiana, elaborándola como
racismo. El punk fue una especie de aspiradora que absorbió todas las pasiones
tristes y devolvió el asco transformado en una ola de afirmación y rabia
creativa. Una especie de extraña alquimia terapéutica que trabajaba
directamente sobre la materia prima del malestar, hundiendo la creación en la
singularidad irreductible de cada vida dañada, pero donde los malestares se
cosían unos con otros a base de imperdibles. Fuera del punk, sólo había
laborismo anestesiante o agresividad derechista.
No sé, a mí me
recuerda a algo.»
Fragmento del texto Politizar
el sufrimiento, de Amador Fernández Savater.
Audio: Biznaga –
Imaginación política
https://www.youtube.com/watch?v=qRiAWz2FZnI&list=RDqRiAWz2FZnI&start_radio=1

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